jueves, 12 de abril de 2012

PLACA N°1

Empecemos a planificar el carnaval para que la diversion le deje alegria a Humahuaca.

MADERA SECA DE CARDON.

VOY A ESCRIBRIR ALGO

VOY A ESCRIBIR ALGO POR QUE EL MUNDO TIENE ERRORES DE ORTOGRAFÍA Y LAS MALAS PALABRAS SUENAN BIEN AUNQUE ESTÉN MAL ESCRITAS.

VOY A ESCRIBIR ALGO POR QUE NECESITO DESAHOGARME Y NO ENCUENTRO PAÑUELOS DESCARTABLES.

VOY A ESCRIBIR ALGO POR QUE NECESITO COMPARTIR MI PENA CON EL MUNDO Y SENTIR SU ESPALDA EN EL VACÍO DE LA PANTALLA.

VOY A ESCRIBIR ALGO POR QUE ME GANA LA IMPOTENCIA Y LA BRONCA QUE HACE REMOLINOS EN LA BOCA DE MI ESTOMAGO.

VOY A ESCRIBIR ALGO POR QUE ES LA ÚNICA FORMA DE EXPRESARME SIN TENER QUE ABRIR LA BOCA Y DECIR MAS DE LO QUE SIENTO.

VOY A ESCRIBIR ALGO A LA ESPERA DE UNA RESPUESTA FAVORABLE, A LA ESPERA DE TU REACCIÓN A LA ESPERA DE TUS MOVIMIENTOS, A LA ESPERA DE ATENCIÓN.

MADERA SECA DE CARDÓN. ESCRITOS PARA LAS CRUDAS NOCHES DE INVIERNO.

domingo, 18 de marzo de 2012

Columna de Opinión por el Licenciado Ariel Benavidez

Algunas reflexiones sobre el carnaval en la Quebrada de Humahuaca

El carnaval de la Quebrada de Humahuaca es un momento cultural conocido por todos los que por generaciones han vivido ya sea en los pueblos de la quebrada o cualquier otra localidad de la provincia de Jujuy.

Se trata de un evento que en la última década que a cobrado cada vez mayo masividad y proyección en el NOArgentino, en parte gracias al impulso de las políticas de turismo del gobierno provincial y las publicidades los medios masivos de comunicación. Si bien, como fenómeno masivo, se conoce mucho del carnaval por gran parte de la población jujeña, también hay aspectos que pueden resultar interesantes por su particularidad y que a veces desafían ciertos mitos e imágenes que se tiene acerca de esta fiesta masiva. Para poder aproximarnos a su compresión, es necesario mirar el carnaval desde diferentes ángulos y perspectivas.

Empecemos por verlo como parte de un ciclo anual. De todas las celebraciones, acontecimientos, fiestas de nuestro calendario, es uno de los que moviliza la mayor cantidad de gente de la provincia e inclusive de provincias vecinas. Como es sabido, la fiesta bajo el nombre de “carnaval”, es una celebración que integra el calendario cristiano que los españoles trajeron al continente americano, siendo un preludio a la cuaresma y las vísperas de las pascuas. Un momento para liberarse, según la visión Teocéntrica que imperó en Europa desde la edad media hasta fines de la edad moderna. Las pasiones de la “carne” como metáfora de los deseos impuros que conducían al pecado tenían su momento de liberación antes del período de penitencia preparatoria que representaba la cuaresma. Es por eso que dentro de este contexto, el carnaval fue conocido como un momento para subvertir las reglas morales que gobernaban la sociedad medieval, y someter al cuestionamiento mediante la burla, la sátira y o la transgresión directa el gobierno de la Iglesia Católica fusionada a la Monarquía y los señores feudales. De allí que nace aquella costumbre de disfrazarse, para ocultar la persona social de cada individuo (el deber ser) y representar en el disfraz el deseo liberado, la crítica al poder y permitir la concentración social de todas las clases, habida cuenta que la sociedad medieval estaba dividía en rígidos estamentos que no admitían intercambio e interacción libres entre la distintas jerarquías sociales (el campesino era sirviente de su señor feudal y no era admisible otro tipo de relación, como la amistad por ej.)

Los españoles, luego de las conquistas de los pueblos americanos, pusieron el epicentro de sus administraciones coloniales en los territorios de los grandes imperios americanos que derrotaron (Incas y Aztecas). Y en ese proceso de dominio político, y sociocultural, debieron imponer mecanismos de control, que, ante todo, su función era lograr la estabilidad social y minimizar el conflicto con los pueblos originarios que la propia dominación provocaba. Aún cuando la evangelización de la Iglesia, llevaba una política de etnocidio, liquidando las tradiciones culturales de los pueblos, no pudo frenar la resistencia cultural, en la que los pueblos luchaban por resignificar tradiciones y costumbres europeas dotándolas de sentidos e interpretaciones locales. El carnaval fue uno esos espacios culturales que pudieron ser resignificados por los pueblos originarios gracias a la superposición de calendarios. Debemos recordar, que entre Europa y Sudamérica, los ciclos estacionales son inversos. El Carnaval de Europa se produce a finales del invierno y en vísperas de la primavera; en Sudamérica coincide con el final del verano y dentro de la geografía andina central (Bolivia, Perú y N de Argentina) la estación finaliza con las lluvias indicando el tiempo de las cosechas, especialmente del maíz. Este momento crucial del ciclo agrícola se coronaba con las fiestas entre febrero y mayo dependiendo de cada subregión de los andes. Las características progresivas del carnaval europeo se combinaban con el sentido de resistencia de las fiestas de las cosechas de los pueblos originarios de los Andes. El carnaval era un momento en donde los indígenas podían liberarse del fuerte dominio ideológico de la Iglesia, congregarse, renovar su vínculos de parentesco entre familias y clanes mediante los festejos y la formación de nuevas parejas, crear alianzas políticas que fortalezca su relación ante la administración colonial, celebrar a sus deidades y sustraerse al trabajo que les demandaban los encomenderos españoles. Único momento del año en el que estaba permitido casi todo.

Hoy en día el carnaval no ha perdido mucho de eso. Aunque también el contexto histórico ha cambiado notablemente. Ya no vivimos bajo un régimen colonial de una potencia extranjera; pero los estados nacionales de la era capitalista fueron mucho más crueles y lapidarios con los pueblos indígenas que la propia colonia; aun cuando los países de la región adoptaron formalmente regímenes democráticos que amparaban numerosos derechos para todos los integrantes de la sociedad. Hoy nuestra sociedad debe enfrentarse a muchas desigualdades, económicas, sociales, políticas y también culturales. En este marco el carnaval continuó siendo un espacio de ruptura pautada con este orden de desigualdades, y se ha complejizado mucho más que hace 200 o 400 o 500 años atrás. Nuestro carnaval se hizo más heterogéneo que antes. Esta mayor complejidad congrega de manera desordenada y hasta tensionada: resistencias, liberaciones, legitimaciones, intercambios y también disputas de poder y la penetración del mercado. Por eso la compresión de nuestro carnaval contemporáneo precisa de varias perspectivas de análisis que puedan abarcar lo más que se pueda la complejidad del fenómeno.

Si lo vemos en términos de resistencias culturales, hoy persisten en el carnaval algunas prácticas relacionadas con la simbología andina, asociadas con la pachamama, y principalmente con la deidad del altiplano “Wari” o “tío de las minas”, bajo la figura del diablo. Tradición que guarda más proximidad con el universo del altiplano, sobre todo del lado boliviano. Las reuniones familiares continúan produciéndose en carnaval, actualizando los lazos de parentesco de clanes familiares que han habitado por varias generaciones los pueblos y localidades de la quebrada y también de la puna. Las prácticas de las copleadas, que albergan la memoria oral de la historia, ventilan los sentimientos de sus intérpretes, actualizan las identidades de los clanes familiares y renuevan las relaciones entre habitantes de las distintas regiones (expresada en los colores de las vestimentas y las tonadas diferenciadas de los copleros).

Vemos intercambios y adopciones culturales, sobre todo en el campo del folklore, cuando vemos la incorporación de danzas como los caporales (ex sayas) y tinkus provenientes de las urbes y zonas rurales de Bolivia, y han pasado formar parte (inclusive bajo protesta de algunos sectores ultranacionalistas bolivianos) de la cultura cotidiana y también carnavalera de los pueblos quebradeños y de la provincia de Jujuy. Los ritmos de la cumbia, el cuarteto y la bachata también se combinan con la simbología andina, aunque ello también debemos, en buena parte a al penetración del mercado y las industrias culturales. Sobre esto último el carnaval también es presa del mercado capitalista, mercantilizando muchas de las relaciones que median durante los nueve días de fiestas. Presente desde la venta de bebidas, pasando por toda la oferta de servicios, hasta el marketing turístico, el carnaval es mercado y a la vez mercancía. Un fenómeno cada vez más reciente, propio de la era globalizada del capitalismo.

Durante el carnaval también se disputa el poder local, y también la fiesta es usada por algunos actores sociales, sobre todos aquellos con poder de mayor alcance, para legitimar su posición dominante. Lo vemos constantemente apadrinando comparsas, compartiendo el holgorio con los sectores populares, donando cantidades ingentes de bebidas u organizando invitaciones fastuosas a las comparsas. Personalidades locales, en cada pueblo, tratan de legitimarse ante sus comunidades mediante la demostración de que conocen y saben llevar a la práctica costumbres y tradiciones: guitarrear, cantar coplas, saber beber grandes cantidades de alcohol, bailar danzas tradicionales. El carnaval es un momento donde también se pone a prueba la pertenencia a la comunidad y la aceptación por parte de esta sus referentes sociales. Ser “buen carnavalero” (y habría que indagar aun más que implica serlo) en el futuro puede significar más votos en una elección, o mejor oportunidades de negociar intereses o concesiones de cualquier índole. A veces el control y dominio de una comparsa puede representar el recurso para legitimar o inclusive acumular poder a favor de los intereses políticos, económicos y sociales de un grupo en particular o un clan familiar. También vemos como se potencian ciertas problemáticas, como el alcoholismo, la violencia, y hasta la inseguridad vial.

En este sentido el carnaval también desnuda tensiones, problemas; es más, nos ilumina acerca de los desafíos que nos presenta el estado actual del mundo globalizado. Pensemos que la situación política global ha cambiado mucho en la última década, con una tendencia de las potencias capitalistas de agredir mediante las armas a aquellos países y poblaciones cuyos territorios contienen recursos naturales estratégicos. Que las grandes empresas multinacionales tratan de acaparar toda esfera de la vida humana para mercantilizarla a fin de saciar el hambre de ganancias que determinan a estas corporaciones. Que en muchos países emergentes como el nuestro los gobernantes llevan políticas ambiguas, en las que por un lado se someten a estos intereses externos, y conservan el poder de sus clases dominantes (las oligarquías provinciales y el gran empresariado nacional), mientras levantan discursos populistas y nacionalistas. Que en nuestros pequeños pueblos quebradeños también hay grupos de poder y élites sociales que negocian con los poderes provinciales y nacionales; a veces resisten y otras se pliegan a los grandes alineamientos políticos nacionales. Que vemos el desembarco de grandes empresas en busca de nuestros recursos naturales y para lograr aceptación de las comunidades, utilizan nuestras tradiciones y costumbres, a cambio de tierras, simpatías y camionetas 4x4. Este contexto actual pone al carnaval, en tanto espacio, o momento cultural, lo pone en la encrucijada entre mantener las resistencias, alentar la crítica y ser un momento de liberación; o ser espacio para la actualización del status quo de las relaciones sociales actuales, las disputas de poder locales de viejas élites pueblerinas, peleas internas que alientan el conformismo, y ventilar frustraciones, hartazgos y angustias para empezar un nuevo ciclo anual cargado de conflictos y tensiones; o el otro extremo, subordinarse a las imposiciones de mercado de las multinacionales y convertir al carnaval en otro objeto más de consumo alienante de la persona humana.

Todas cuestiones que ameritan debates cada vez más comprometidos y renovadores, especialmente en los jóvenes. El carnaval no escapa a las luchas políticas y culturales de nuestro mundo. Pero tal vez es necesario mirarlo, no sólo en clave de holgorio y fiesta, sino también en clave política, como un momento de lucha para atacar y aspirar a derrotar aquello que nos oprime y asfixia de este mundo global del capitalismo del s XXI. Por supuesto, todo aquello mediado quizás por una cerveza, chicha o un vinito y empanadas, con talco y serpentinas.

“Salu”